sábado, 29 de octubre de 2011

Sentado en el balcón.

Agobiado estirado en el sofá, me he decidido a salir al balcón. No salgo mucho al balcón. Es un espacio casi olvidado por mí. He salido he abierto una silla de plástico, incómoda y barata, con el color desgastado por la intempérie a la que está sometida, y me he puesto a mirar.
Siempre miro el eucalípto que tengo enfrente, sigue ahí destacando por encima de los plataneros centenarios que adornan el paseo. He visto que sus ojos empieza a oscurecer y a caer muertas, como les corresponde en otoño. Caen y adornan el paseo, nos señalan la necesidad de empezar a sacar las bufandas y los guantes del armario.
He visto a gente pasear. Yo quiero salir a pasear pero me da pereza, me aburre. Algunos muestran una sonrisa, mientras charlan, si van acompañados, o parecen que piensan; ¿en qué piensan? ¿en las facturas? ¿en sus hijos? ¿en sus novias? ¿qué no tienen trabajo? Hay muchas cosas en las que pensar; es jodido pensar mucho; puedes darte cuenta que la vida es corta y dura. Casi mejor no pensar; como hacen ya muchos.
He visto coches pasar, he visto coches aparcados, entre ellos el mío. ¿Dónde van? Qué mas da. Es indiferente.
He oído y visto a los vecinos, limpian, escuchan música, bajan la basura, se aburren problablemente y llevan a cabo acciones banales para llenar su tiempo. Aún así se respirar tranquilidad y esperanza, el sábado es el único día que se respira esperanza; los viernes son de euforía, los domingos son inquietantes y deprimentes.
Al final, sentado en el balcón, no se está tan mal, de hecho en el balcón he hecho un montón de cosas; entre ellas este escrito.

martes, 25 de octubre de 2011

Madrugar

El asfalto refleja la luz como un espejo antiguo que contiene "aguas", y así con esas imperfecciones nos deforman la imagen reverberada. El ambiente es fresco y renovado, la lluvia a contribuido a limpiar el aire, el suelo, el orín y a la propia alma del hombre. De los coches destellan infinidad de gotas que se convierten en esmeraldas de colores rojo, naranja y verde, cambiando cada cierto tiempo. Todo parece en orden. Es una falsa ilusión, lo sé. Pero de momento, puedes sentir tu propia respiración, oír tus propios latidos; el sonido de la exigua vida que se desarrola es grato y hace compañia; no se confunde ni se mezcla con nada, colaborando con la cacofonía diurna. La radio suena de fondo, con conversaciones vampirescas sin importancia; lo importante es el suave crepitar, provocado por una mala señal radiofónica; se antoja acojedor y cálido.

En este momento todo es esperanza...

domingo, 23 de octubre de 2011

Ha vuelto a suceder

Con los ojos legañosos, y obligado abandonar un maravilloso sueño de mujeres desnudas, Pedro, mira el reloj de la mesita de noche.
Su cerebro tarda unos instantes en arrancar... uno... dos... tres...
¡Joder! Las cuatro de la mañana.
Ha vuelto a suceder....

viernes, 21 de octubre de 2011

Un extraño en mí

Tumbado en la cama miro el techo blanco. En blanco me gustaría dejar la mente; no pensar (ya me descubro elucubrando). Darme una vida tranquila. No puedo. Fluïr como una hoja en el curso de un río tranquilo ¿tal vez? Anhelante estado al que no consigo acceder; o ¿soy hoja y es el río el culpable?

Me pesa la cabeza, y los pies, y las manos, y las piernas, y los brazos, y el corazón. Parecen forrados de plomo. La mente embutida y exhortada a perderse y adentrarse en un constante ciclo de melancolía, pesimismo y tristeza. Todo se convierte en un acto perezoso, fatigoso y repetitivo, y nada, tiene el mínimo significado y la mínima motivación.

Cada vez camino más lento ¿para qué correr? ¿para qué aprender a tocar música? ¿ir a la universidad? ¿leer?; qué sé yo. Todo es tedioso, odioso y horrible. Es asquerosamente pegajoso; te atrapa y no puedes escapar. Porque no son muchos "todos" sino un "Todo" ¿cómo se puede escapar de la "Totalidad"? Imposible.

En definitva me siento un extraño ¿no somos unos extraños de nosotros mismos? Vuelvo poco a poco a la cloaca. Me temo que nunca he salido de ella.

jueves, 20 de octubre de 2011

La otra cara de Gandhi

-Disculpe señor Giménez -me solicita la profesora del niño cuando ya nos disponíamos a salir por la puerta-.
-Dime ¿qué pasa?
-Para mañana, y con motivo de la celebración de la castañada, necesitamos que cojan un boniato y lo disfracen -me dice-.
-De acuerdo; mañana sin falta se lo traeré -me giro y me voy-.

Por la cara que ha puesto supongo que tendrá pocas esperanzas de que mi promesa se cumpla. Pero la voy a decepcionar y lo primero que haga esta tarde será preparar el boniato para el niño, aún sin saber, ni tener remotamente claro, la relación que hay entre la castañada y disfrazar un boniato. Los caminos de la educación son inescrutables, supongo.

Dicho y hecho; paramos en el colmado, compramos un par de boniatos, y para casa a trabajar.  Reunimos pinturas, telas, alfileres, pegamentos, pinceles, ideas, agua, y... ¿qué hacemos? El niño propone un barco pirata; demasiado obvio. Un coche de carreras; demasiado complicado. Un trombón; imposible... Ya está. Haremos a Gandhi. Que mejor que un poco de manualidades instruidas. Nos ponemos y... en cinco minutos estoy sólo ante el peligro. Recorto, pego, enderezo... y al cabo de dos horas ya tenemos al puñetero boniato disfrazado.

Al día siguiente lo llevamos al colegio. La profesora pasmada nos felicita (seguro que pensaba que no lo conseguiríamos. Te equivocaste).
Por la tarde, una madre de un niño nos pregunta que qué es el boniato. Joder con el boniato si que está ofreciendo tema. Le aclaramos, ante su falta de imaginación, que es Gandhi. A lo que nos responde:

-¿Qué? Otro nazi de los vuestros ¿no?.

Joder, aquí hay algo que falla.

lunes, 17 de octubre de 2011

Y yo sin hacer nada...

Me lavanto por lo mañana, la cabeza me duele, los pies me huelen, el culo lo tengo sudado, los sabacos apestan, el alma se me escapa, de la garganta se desprende un hedor propio de una alcantarilla, mareos, vértigos y vómitos, como viendo siendo habitual después de una noche de mucho alchol, tabaco y algo de cocaína. También como es habitual, nadie a mi alrededor, intento recordar, pero la memoria quedó ahogada al amanecer. Miro el reloj, es mediodía; he perdido doce horas de mi único día de fiesta semanal. Intento pensar. Me rasco las pelotas. ¡Vaya mierda! -concluyo en voz alta para nadie, yo ya lo sé- Decido pasar el día tirado en el sofá. Me meto en la ducha y dejo correr el agua; una buena sesión de hidroterapia me limpiará la piel y espero que la "pisque". Salgo de la ducha limpio y lo primero que tengo ganas es de cagar. Me exasperan los caprichos de fisiológicos de mi cuerpo; no hay buena comunicación entre él y yo, empiezo a comprender que es una especie de venganza congénita por parte de éste. Cago tranquilo sin prisa, mirando al infinito, notando como se me desprende algo relacionado con la propia vida. 

Me preparado el desayuno-almuerzo. Un bocadillo de chorizo picante con pan duro de dos días, y una buena cerveza. Me siento delante del televisor. En todas las cadenas es lo mismo, parece que se han puesto de acuerdo, emiten la misma noticia. Parece que algo sucede, algo gordo pienso, los presentadores con sus corbatas domingueras, y sus peinados caspasos hablan de ello con mucho entusiasmo; las presentadoras, con sus vestidos rosas horteras, y el exceso de laca, también hablan de ello; no los escucho cambio rápido de canal en busca de algo. No hay nada. Se suceden imágenes de guerras, niños hambrientos, y tipos que han matado a sus mujeres después de perder la última partida a las cartas de la vida. Apago la mierda del televisor. Me dirijo a la estantería a coger un libro. Miro varios y me decido por Rayuela. Joder con Cortázar, mira que llega a ser pelma el tío me digo. Intentaré por quinta vez su lectura. Hay algo de honor en todo ello. Media hora y me doy por vencido. Los argentinos me van más hablados. Me vuelvo a quedar frito. 

Abro los ojos, fuera ya ha oscurecido. Miro el reloj. Las siete de la tarde. El tiempo se escurre como arena del desierto entre los dedos. Fuera hay mucha algarabía, parece que hay en marcha una revolución, y yo sin hacer nada, la gente chilla, se escuchan silbatos, gritos, consignas, canciones y mucho ruido. Me asomo al balcón, no veo nada, vivo en una callejón lleno de gatos y con olor a orín del Raval. Escucho ruido de destrozos, cristales reventados, sirenas de policía y bomberos y olor a quemado.llegan hasta mí .El cielo de Barcelona está extrañamente iluminado. Vuelvo dentro, me pongo una película y espero a que acabe de pasar la libertad sentado en mi sofá.

lunes, 10 de octubre de 2011

El trabajo

No se dónde leí el otro día que para que esta sociedad puede pervivir debería cambiar algunas concepciones morales. Entre ellas la que más me llamó la atención era la de cambiar el premio de la laboriosidad a la ociosidad.

-¡Joder -pensé- qué razón!

Pero claro, miras alrededor hablas con la gente y le comentas el asunto y dicen:

-Sí, sí claro... lo que tú digas. Pero habrá que trabajar. ¿No?
-Por supuesto. Pero no se trata de simplificarlo hasta lo ridículo. Se trata de valorar más otras concepciones que no la del trabajo, y dejar a éste, como un bien secundario.
-Ya, ya...

Me miro las manos y me sudan las palmas. Hoy me he levantado a las tres de la mañana y no tengo ganas de discutir. Pienso que el pueblo es tan burro que seguirá en la misma línea hasta que al Sol le de por expandirse. No entiendo como un estado que nos corrompe el alma y nos dobla la espalda, no envilece el corazón y nos provoca insomnio, nos arroja al destino de lo mundano y nos produce picores en los sobacos, nos lleva al tiempo de la monotonía y nos acartona el cerebro, siga siendo tan asquerosamente bien valorado y continue marcando nuestras exiguas existencias.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Otra cerveza.

Joder, que cabrón, que pesado. Piensa Alfredo mientras saborea la segunda cerveza fría de la tarde. Qué tío, no se calla, y venga a dar la bara y venga a gritar a un palmo de su oreja. Como le gustaría a Alfredo girarse noventa grados y decirle al pesado del contertuliano que se callara que él sólo quería estar tranquilo, emborracharse, pagar y salir en busca de alguna mujer después de comprar algo de droga.
Era viernes y la semana había sido dura. Joder, como todas las puñeteras semanas; una de tras de otra y así hasta que su mente no es capaz de recordar cuando empezó a trabajar en aquella maldita empresa y encima de autónomo. Y el otro erre que erre, que si el país, que si la economía... Recuerda que lo despidieron y no tuvo otra idea más estúpida que invertir el finiquito en comprar un jodido camión, que ahora lo estaba martirizando de lo lindo. Se levanta cada día a las cuatro y no más pronto de las siete de la tarde acababa. Siempre iba tarde, siempre dejaba algo por repartir, con las consiguientes malas caras y siempre le descuadraban los números a final de mes. Era un desgraciado, pero no un pobre desgraciado, sino un gran hijo de puta desgraciado. El camión no paraba de averiársele y él venga a gastar dinero en aquella tartana que lo tenía, cada vez más, atado de pies y manos. La salida de aquel estercolero no era sencilla, y ni muy posiblemente real. De momento seguiría escuchando gritar al otro mientras pedía otra cerveza.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Una extraña conversación

Perdone: ¿me hago viejo?
Bueno seguramente, como todos ¿por qué lo pregunta?
No sé tengo esa sensación, extraña y confusa, de que ya siempre es lo mismo, pero que al mismo tiempo lo idéntico no lo puedo hacer como me place.
Hable claro, que no me entero.
Escuche bien: resulta que antes, hace algunos años atrás.
¿15?
No tanto joder, que tampoco ha pasado tanto ¿o sí? No, no, pongamos que diez... A ver... sí, sí diez.
Sea conciso que tengo prisa.
¿Dónde va?.
Pues voy a ver aún sobrino que al hospital que ha tenido un accidente de moto.
¿Cómo está?
Fastidiado, "verá" usted es que resulta que iba muy rápido  se le cruzó un coche y voló durante varios metros hasta dar con una farola.
Uyyyyy tiene que haberlo pasado mal.
Lo peor está por llegar...
Para él lo peor ya ha pasado ¿Por qué corría?
Iba al trabajo; llegaba tarde y bueno... qué le voy a contar.
Cuente, cuente sí yo no tengo prisa, me pagan para esto.
¿Cómo que le pagan para esto?
Déjelo. ¿En que hospital se encuentra?
En el Vall d'Hebron.
¿Cómo se llama?
¿Y a usted que le importa?
Bueno, tengo que hacer bien mi trabajo ¿sabe?
No entiendo nada... pero se llama José Cuervo
José Cuervo.... José Cuervo... ah sí... lo recuerdo.
¿Lo vio en el periódico?
No exactamente. Pero continúe.
Me tiene que disculpar. Pero ese que viene es mi autobús y no lo puedo dejar pasar tengo bastante prisa.
No tenga prisa y disfrute de la conversación.
¿Cómo?
Sí, que disfrute hombre que dentro de cinco segundos, y justo antes de que el autobús llegue a la parada tropezará y su cabeza irá a para a la rueda del autobús ¿compronde? ¿oiga? ¿oiga? pues nada... a ver... siguiente en la lista... vaya José Cuervo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Nos transforman en mierda endiosada... (2ª parte)

La sombra de su madre siempre estaba presente.

Cuando salió de la universidad y empezó a trabajar en el bufete de abogados rápidamente destacado entre los socios por su fuerte carácter y por su persistencia a la hora de tratar los casos que le llegaban. Las secretarias eran otro cantar y se acostó con varias.

Al salir del trabajo empezó a frecuentar un bar de copas el cual estaba frecuentado por gente selecta de la alta sociedad barcelonesas. Por supuesto, fue un compañero de su bufete el que le introdujo en aquel ambiente, más por tenerlo cerca y controlar sus movimientos, haciéndose ver un allegado suyo, que no porque realmente Roberto le causaba buena impresión. Había competencia, y Sebastián, que era así como se llamba el tipo, sabía que Roberto era un hijo de puta con muchas pretensiones y pocos escrúpulos. Como yo, pensó, pero más inteligente había que reconocerlo.

Después de unos meses trabajando, decidió dar un salto cualitativo en su vida personal, y sabiendo desentrañar como funcionan las relaciones sociales en aquellas esferas, decidió comprarse un loft, situado en el centro de la ciudad, el cual serviría como, uno: picadero, y dos: nueva residencia habitual, que tendría la función de ser un complemento-proyección de su persona, y de las personas que él sabía tenía que tentar en primera instancia.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Nos transforman en mierda endiosada... (1ª Parte)

Estaban jodidos. En las últimas y en todos los sentidos y en todos los aspectos. En definitiva en el sentido más amplio de la palabra "jodidos".

Roberto, era un egocéntrico y se había ido transformando de un hedonista clasista durante los últimos años de su infancia a un crápula hedonista, obsesionado con el dinero.  Por supuesto, fue el resultado de un trabajo minucioso y planificado

Su madre, una loca opulenta, despellejó a un pobre gilipollas que poseía varias farmacias que le reportaban buenos beneficios. Una vez consiguió dinero para criar a su hijo de forma elitista, le pegó una patada en los cojones al al viejo guarro farmacéutico, y se dedicó a beber, acostarse con hombres más jóvenes y a criar su  vástago.

Lo primero fueron los estudios, Roberto se volcó en ellos. Cuando entró en la universidad, más concretamente, en la facultad de derecho, convertido ya en un verdadero cabrón, follo mucho y estudió más. Cinco años bastaron para sacarse la carrera con buena nota y una recomendación para entrar en un bufete importante de la ciudad. La sombra de su vieja siempre estaba detrás.

martes, 20 de septiembre de 2011

Metafísica de la pareja

Son las nueve de la mañana... poco a poco voy abriendo los ojos... me cuesta arrancar... mi cerebro es como un motor a gasoil: primero tienen que calentarse la neuronas para que empiece funcionar (esta operación necesita cierto tiempo). Después de diez minutos consigo, por fin, articular los primeros pensamientos; haber, repasemos, hoy es sábado, por lo tanto es fiesta, los niños no tienen colegio y quedamos ayer en ir hoy a pasar el día a la playa. Tenemos que ponernos en marcha. Extiendo el brazo hacia el lado de la cama que ocupa mi pareja para despertarla, no está. Me centro, hago un esfuerzo. Oigo a los niños en el comedor, percibo sonidos que provienen de la cocina. Me incorporo parcialmente, sentado en la cama, con la cabeza embotonada, la boca como un corcho y la lengua de esparto miro por la ventana; hace buen día. La niña empieza a llorar, poco después se calla. Sin saber cuánto tiempo a pasado (entro en una especie de coma) vuelvo a oír sonidos de la cocina. Me incorporo totalmente, me estiro y bostezo; salgo al comedor el niño está viendo dibujos, la “peque” juega con unos cubos intentándolos amontonar (recuerdo que el niño siempre los tiraba, justo al contrario); parecen estar preparados para marcharnos (su madre le habrá dado sendos biberones). Llego hasta la cocina, de los restos de la cena no queda nada y en el mismo lugar ha aparecido el desayuno: tostadas, mermelada, mantequilla y azúcar, el café está en el fuego, hierve y desprende ese maravilloso aroma que remite a un cierto bienestar.
Ella está ahí, de espaldas a mí, acabando de fregar la loza; se gira, a notado mi presencia (o el olor que desprende mi boca a cloaca), con su mirada me condena pero su sonrisa me amnistía, le sonrío y le doy los buenos días; ni si siquiera se me pasa por la cabeza preguntarle desde que hora lleva despierta.
Diez menos cuarto, estamos desayunando (en cinco minutos se a levantado tres veces de la mesa para regañar por algún asunto al niño, yo continuo con mi marasmo matinal), pienso en pedirle disculpas por no haberla ayudado, pero se me adelanta:
-Cuando acabes de desayunar recoge los restos y baja las cosas al coche; y recuerda en coger la cartera con el dinero y tirar la basura.
Me limito a afirmar con la cabeza. Acabo y me levanto, me voy al cuarto de baño, me visto, me lavo los dientes, me miro al espejo, me miro al espejo, me miro al espejo.... salgo del lavabo, diez y media, en la puerta está todo preparado, la cocina recogida, y la familia preparada.
-¿Nos vamos? -pregunto-
Su mirada no deja lugar a dudas, la respuesta es afirmativa.
En el coche conversamos, cantamos y guardamos silencio porque quiero escuchar una noticia; por supuesto conduzo yo, ella el otro día reventó una puerta contra una farola (le guardo rencor) y a destrozado parte de mi mausoleo.
Cuando por fin llegamos, cuesta aparcar, es tarde, son algo más de las once y media, me recrimina, le recrimino (¿el qué? No lo sé); por fin después de algunas vueltas encontramos un hueco, es un poco justo, pero con mi pericia al volante no habrá problema, seguro que cabe, ella está espectante; ¿intuirá algo?; el ruido no deja lugar a dudas: he reventado el paragolpes delantero con el tronco de un árbol que había sido cortado. Se ríe, me mosqueo (ella lo sabía y no me ha dicho nada. Mi ego se desquebraja por momentos), le quita hierro al asunto.
La playa está hasta la bandera; si por mí fuera, clavaría la sombrilla en cualquier lugar, ella no. Busca, indaga, quiere un sitio cerca del agua para vigilar a los niños mientras juegan (yo no había pensado en ese pequeño detalle). Por fin, encontramos un lugar que acaba de abandonar una familia, hinco la sombrilla y cotejo mi alrededor, me distraigo, oígo una voz que me dice algo... noto un pellizco en la pierna:
-Ya te puedes sentar, no hacía falta que me echaras una mano ¿eh?
Sin duda lo ha dicho con un cierto sarcasmo que me irrita. Me aposento, saco el libro, ella hace lo mismo pero con una gran diferencia, con ojo lee y con otro vigila a los rapaces.
-Tengo sed, ¿puedes ir a comprar algún refreseco? -me pregunta-
Aunque me ha interrumpido la lectura en un momento apasionante, le contesto que sí.
La miro con incredulidad:
-¿Has cogido tú la cartera con el dinero? -le pregunto-
-Te dije que la cogieras tú -me responde-
-Me la he descuidado en casa -le contesto-
Me fulmina con la mirada, busco en mi cabeza algun motivo con el que contraatacar, por su puesto no encuentro ninguno. La miro, me está mirando, y sé lo que piensa: “eres un auténtico zopenco, pero te quiero”. Le regalo una de mis mejores sonrisa, me sonríe y me coge la mano, es la señal de que puedo seguir leyendo tranquilo, su sed puede esperar y la basura ya la bajaré cuando volvamos a casa.




viernes, 16 de septiembre de 2011

Vuelve la España más "tricornia".

Resulta que, entre arcada y arcada después de leer la prensa, se me ha ocurrido este disparate; lo siento Machado tío, pero es que aquí cada vez estamos más confundidos, por no decir que somos unos redomados gilipollas, y he tirado de tu obra para escribir esta estupidez.

"Caminante no hay camino
se hace camino al andar".
Caminante no hay camino 
corre que la frontera van a cerrar.
Caminante no hay camino
depende de la pasta que puedas soltar
caminarás.
Caminante no hay camino
a partir de ahora
en inmigrante ilegal
te convertirás.
Caminante no hay camino
no es mi culpa que en África
el mundo te viera llegar.
Caminante no hay camino
Dios me señaló
y yo si puedo caminar.
Caminante no hay camino
hambre y penuria
pasarás.
Caminante no hay camino 
la droga y la delincuencia 
te esperan 
y en un paria te convertirás.
Caminante no hay camino
si eres "extranjero"
bueno,
puedes visitar.
Caminante no hay camino
pero el follar siempre restará
aunque los purpurados
se empeñen en
 abominar.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Dios te lo pagará....

Maldita la estampa de todos aquellos que  irrumpen en el mundo cada día como si fuera el último día de ellos, y como si ellos fueron los únicos que están sobre la tierra. Mujeres con las caras estiradas hasta paracer tambores, borrachos con traje y corbata, viejas pensionista y bolsos de cuatrocientos euros, niñatos, niños malcriados y jóvenes insolentes. Al borde del mareo las piernas me tiemblan y el sudor sale a borbotones. En el cerebro un calambre dolorosísimo que me hace perder la compostura y los estribos.


Intento contenerme, es un esfuerzo sobre humano. Casi lo consigo pero en ese momento:

-Perdóneme.... -una vieja, pintada de mala manera-
-Qué
-Me puede abrir aquí....
-¿Cómo?
-Sí, que si me puede abrir aquí....
-Señora estamos en mitad de la calle. Le abriré cuando lleguemos a la parada que está a quince metros.
-No, no yo no quiero ir a la parada...
-Pues metemo que tendrá que ir o bien quedarse a vivir en el autobús. A mí, personalmente, me importa poco cual de las dos opciones elija.
-Es usted un maleducado.
-Y usted una impaciente.
-¿Me abre?
-Le he dicho que no puede ser...
-Muy bien. Dios se lo pagará.
-Mire señora, dios no me pagará nada. Pues dudo de que exista.
-Perdone que me entrometa -irrumpe un señor desde atrás- pero usted no creo que sea capaz de demostrar dicha afirmación.

Curioso miro hacia atrás, me empiezo a reír, resulta que el último en intervenir con tal objeción es un cura. La hostia pienso, esto no me puede estar pasando a mí. Que cojones hace un cura en el autobús. Bueno tendrá que ir de un lado a otro, como todo el mundo, aunque sea para justificar su existencia ante su jefe.

-Mire, jefe, yo no puedo demostrar nada, de hecho no tengo que razonar nada extraído de una hipótesis más que insostenible. Y usted no tiene ningún dato empírico después de dos mil años de dar por culo a medio mundo, así que, aquí se acaba la discusión teológica. Y la señora se baja en la parada, eso si que va a tener un carácter empírico para el resto de usuarios que decidan seguir jodiendo al personal.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Madrugada

Mansos, dóciles, podridos por dentro, con la vista perdida, y cargando objetos inútiles, perjuicios influidos, deudas insoportables, y almas agotadas, exhaustas por la falta de sueño y conciliación, y por el desarrollo de trabajos duros, saldremos a la calle como cada noche.

Saco la cabeza por la ventana intentando respirar un poco de aire fresco, parcialmente regenerado por la madrugada; no hay, no obstante, sufuciente noche para paliar la contaminación diurna.

Una oficina, un despecho se ilumnina por sorpresa en un edificio alto; parece suspendido en el aire. Una mujer trabaja dentro; quita, pone, ordena y limpia. Retira la mierda de los otros, para que esos otros, lleguen, ensucien, piensen en seguir ganando más dinero y coloquen sus traseros orgullosos en sus mullidas sillas de despacho. Luego de madrugada volverá ese ser anónimo para que el ciclo no se interrumpa. Todo de debe seguir su curso.
Con sus manos artítricas y su degenerativa existencia trabajará sin descanso. Y mientras, fuera, la mercancía empieza a moverse, ocupándolo todo, destruyendo el sosiego nocturno.

Cuando despunte el Sol, habremos descendido otro peldaño y de nuestras bocas volveremos a escupir mierda, que salpicará, inevitablemente, a los demás; conviertiéndolo todo en una gran masa de desperdicios humanos.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El hombre y el bosque

Un hombre camina tranquilamente camino de casa después del trabajo. Exhausto, sudoroso, cabizbajo, pendiente de los ruidos que el bosque produce. Le gusta este paisaje, su soledad, sus olores, el roce de las hojas. Todo lo agradece su alma después de una dura jornada, que deforma el corazón, destroza el cerebro y corrompe las entrañas.

No obstante, sabe que caminar sólo por el bosque entraña peligros, mas, cuando el Sol empieza a caer, y las sombras y los fantasmas renace de la letanía que el día le había provocado. La amenza, con el crepúsculo, se vuelve ciertamente asfixiante.

Acelera el paso, aún le queda un buen trecho, no quiere que se le haga de noche. Estaría en serio peligro. Mientras camina algo más deprisa, piensa en su casa, sentado delante de la chimenea, observando el fuego y escuchando pausadamente el crepitar de la madera, descansando, relajándose, y dejando que todas sus pesadumbres fueran consumiéndose en el fuego.

De pronto, a doscientos metros, percibe un movimiento extraño. En su cerebro salta un interruptor, su cuerpo empieza a generar adrenalina, él lo desconoce todo el proceso fisiológico, pero los hombres así funcionan. Se queda quieto, y observa, siente el latir de su corazó, el golpeteo rítmico de la sangre en sus sienes. Observa el bosque, mientras introduce su mano dentro de la chaqueta, palpa el cuchillo de caza y se siente parcialmente aliviado; nunca sale de casa sin él. Es su salvo-conducto.

Pasan segundos, tal vez, un minuto, le parecen horas, se pregunta sino estará equivocado, sino le habrá engañado su imaginación, sino habrá sido esa capacidad de los hombres en desconfiar de todo lo que le rodea la que le ha puesto una alucinación en el camino. Se calma.

El Sol pierde terreno, las sombras impiezan a invadir todo, debe tomar una determinación y esta tiene que ser seguir adelante. No hay otra, no puede continuar allí por más tiempo.

Cuando se decide, algo lo devuelve al anterior estado de alarma. No hay duda. Su experiencia como hombre de campo así se lo indica. Lo presiente. Sabe ya a lo que tendrá que enfrentarse. La vida o la muerte. Siempre rodeado de lo mismo, piensa, decisiones importantes transcendentales lanzadas en décimas de segundo. Suspira.

Lentamente se quita la chaqueta y se la enrrolla en el brazo izquierdo y con el derecho empuña el cuchillo fuertemente. Está preparado. Avanza lentamente, atento, los matoralles se mueven "artificialmente", no hay duda. Se detiene nuevamente.

Calcula la distancia. Cincuenta metros determina.

-¡Sal! ¡Sé que estás ahí! -grita al aire, al enemigo invisible.

No obtiene respuesta. Vuelve a intentarlo esta vez más fuerte.

-¡Sal de ahí! ¡Maldito hijo de puta! ¡Te voy hacer pedazos!

Quisiera interrumpir el tiempo. No quiere que caiga la noche; sabe que estaría en inferioridad de condiciones. Ahora con sus cuchillos y los últimos rayos de Sol están igualados.

-¡Sal cabrón!

El arbusto se mueve, su enemigo a sido descubierto, y decide aceptar el reto. Poco a poco, va surgiendo la silueta de un mastodóntico lobo. Animal y hombre. Se miran. El lobo parece entender el pensamiento del hombre. El hombre cree comprender y conocer los movimientos y las intenciones del diabólico animal.

No hay escapatoria. Cincuenta metros, un cuchillo y unos dientes desgarradores. Están frente a frente. Un segundo, dos, tres, cuatro y cinco....

-¡Ven cabrón! -rompre el silencio-

Y la bestia se lanza a la carrera. No le cuesta obtener la velocidad necesaria, para que en la distancia propicia, tome el último impulso y se lance con la morro abierto preparado para morder, desgarrar y matar a su adversario.

El impacto es brutal, y aunque tenía previsto aguantar el embite de la bestia, le es imposible y cae de espaldas. Aún hay una oportunidad, piensa, y pasa por no dejar caer el cuchillo. El golpe contra el suelo es doloroso, la bestia ataca el brazo vendado, no tardará en cambiar de objetivo. Desgarra la chaqueta, pero decide levantar el morro en busca de otro punto de ataque...

-¡Ahora! -chilla, para él, está sólo y la muerte le ataca directamente-

Y con todas sus fuerzas, ensarta el cuchillo en el cuello de la bestia, cortando la arteria carótida. Un aullido afilado como la misma cuchilla que le acaba de de traspasar rompe el silencio del bosque. ¿Qué duró? Un minuto, dos. Él sujetó con fuerza al lobo, hasta que éste, pereció y se desplomó a un lado.

 El hombre se incorpora, se examina, está dolorido, pero sin perder más tiempo reemprende la marcha, jadeante y ansioso. Decide mañana descansar y no ir al trabajo. Se siente incapaz de afrontar más luchas. Cuando por fin dislumbra su casa, los ojos se le anegan de lágrimas y se siente terriblemente abatido.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Blacberry y jóvenes...

-KE TAL?
-BIEN TU?
-YO AKI? Y TU?
-AKI.
-DNDE?
-KE PASA?
-NDA?
-KEDAMS?
-NO PDO?
.......                Jorje se ha desconectado

-KE TAL?
-PUF.
-PUF????
-ESTOY MALITA:)
 .........             Jorje se ha desconectado

-KE TAL?
-MU BIEN :) Y TU?
-BIEN TMBN:)
-KE HACES?
-DEBAJO DE TU VENTANA :) BAJAS?
-OK.

Estaba claro, Jorge quería hechar un polvo. Las dos primeras le habían fallado, cosa que no esperaba un sábado por la noche, pero siempre quedaba "la Luisa"; era un poco guarra y sucia, y le gustaba mucho el alcohol y la farlopa.

-Aunque podría pagar-pensó- Pero ya lo había probado y no le acababa de convencer; es más si con diecinueve años no podía acostarse con una tía sin pagar, que cojones iba a ser de él a los cuarenta. El siemple hecho de pensarlo lo exasperaba. Dejó de lado la idea y se concentró en el plan puesto en marcha.

Aquella noche no había donde elegir, y prefería aquello que tener que estar bajándose porno toda la noche hasta dar con una película que le pusiera. Últimamente las "bajadas" le eran esquivas y donde le indicaban "Zorras Calientes" le salían los "Siete Enanitos" en versión croata, y si buscaba por "Piratas del Caribe", le salía "Siete Nabos para Siete Hombres". Así que, prefería estar con "la Luísa", que le jodería tres o cuatro cubatas y un par de gramos de cocaína, pero luego...

-¡Joder tienes la regla!
-¡Lo siento Jorje!
-¡Venga ya ostia! Chupa y calla....

La vida se le presentaba complicada había que afrontarla, encontrar soluciones, y pisar fuerte donde hiciera falta. Eso era lo que su madre le decía.

lunes, 5 de septiembre de 2011

0,17 horas

Mal día. Mala tarde. Hoy quería llegar a la central y soltar el maldito cartón-horario tirarme un pedo, regalo de cortesía, e irme a casa a cenar, rascarme las pelotas, ver la televisión y olvidarme de toda esta bazofia. Estaba hastiado de tanto viejo ansioso, tanta mujer estúpida, tanta ama de casa estresada e imbéciles con su puñetero teléfono móvil gritando en voz en cuello. Me importa una mierda si tu jefe quiere que trabajes más o que el miércoles no te apetece ir al cine. Jódete capullo por tener esos problemas; y sigue ampliando tu factura. Eso es lo que realmente importa.

Pero no, no ha podido ser. Dejo el cartón-horario, el jodido y asqueroso cartón-horario, me giro, me tiro el maravilloso pedo, cosecha de ocho horas sentado con las tripas estrujadas, y escucho:

-Señor Miguel, ¿tiene un momento?
-Jodete cabrón-digo entre dientes-
Saben lo que pienso.
-Sólo será un momento.
-Estoy hasta las pelotas y me quiero ir a casa, por favor, que sea lo más rápido posible.
-Verá tenga haga el favor de leerse esto.
-No me hables de usted. Veamos.
Me dan una cuartilla que contiene tres párrafos, mal escritos, con faltas y en mayúsculas. Una puñetera chapuzas de un gilipollas ignorante que gana tres veces más que yo. Me lo leo. Me empiezo a reír. En estas situaciones lo mejor es reírse para darles en los morros con sus memeces. Les sienta mal y a mí me gusta. Resulta que me piden que justifique mi falta al trabajo el día 5 de agosto, o sea, hace un mes. El problema. No recuerdo haber faltado. Se lo indico. Me aclara que no es un día entero sino que son 0,17 horas, o lo que es lo mismo unos 14 minutos o algo menos.
-Ya, ya por eso mismo me estoy riendo.
-Pues no es de risa, es una falta grave y puede ser sancionado.
Pienso... nada; absolutamente nada me viene a la memoria. Él espera. Por fin le digo:

-¿Por escrito?
-Si por supuesto, luego sus alegaciones pasarán a dirección que tomará las medidas oportunas.
-De acuerdo déjeme un papel.
-No es necesario hoy mismo puede ser mañana.
-Sí amigo va a ser ahora mismo, que se metan el papel por el culo los cínicos de dirección.
-Como usted quiera -vuelve al usted, ya se está poniendo de parte de la empresa el imbécil este-

Me deja el papel, y les escribo:

"Referente al día cinco de agosto y a la falta a la que ustedes hacen alusión, aclaro que: encontrándome realizando un servicio, me entraron unas ganas de cagar terribles, ante la disyuntiva de sí cagarme encima con todo los problemas que eso hubiera generado, decidí por mutu propio darle un descanso a mi culo pegando una buena deposición en un bar. Es cierto que la operación ocupó algún tiempo, pero más cierto es, señores míos que todos cagamos, y que por lo tanto comprenderán y entenderán que la ausencia está más que justificada

Reciban un cordial saludo"

Dejé la hoja, me volví a cuescar allí, dentro de la oficina del encargado y salí con una feliz sonrisa en la boca.

La angustia me oprime

Me levanto, y ya oígo la televisión puesta. Hoy siento una angustia terrible, una opresión en el pecho que me indica que hoy seré incapaz de acceptar mi desesperada agonía puesta ahí por mi incapacidad de rendirme ante las evidencias. No soporto más esta presión, esta cárcel a la que me han confinado las circunstancias de mi existencia. ¡Dios! no lo soporto más. Ni siquiera puedo escribir, me tiemblan los dedos y cada vez que tecleo un caracter tengo que borrar dos. Es asqueroso tener que hacer cada día la misma mierda, por una salario de mierda y por un trabajo asqueroso y que no tiene ningún significado para mí. Pero no todo radica ahí, yo mismo soy parte del problema, y estoy al corriente, pero no puedo hacer nada, absolutamente nada y todo sigue su curso sin detenerse un momento. !Paren este tren que yo me quiero apear!

Al final tendré que obtar por lanzarme y probar suerte; si me abro la cabeza será cosa mía pero si sale bien os saludaré con el dedo índice y que os den por el culo.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Me he decidido...

Hoy me llaman al teléfono. Lo cojo. Es uno de la empresa.

-¿Señor Miguel?
-Yo mismo. ¿Quién es?
-Soy Fulano. De aquí. Transportes.
-¿Qué sucede?
-Pues verá, bla,bla,bla,bla,bla,blabababaababababababababa......

Le digo que sí, que no se preocupe, que lo tendré en cuenta, y todo con un tono conciliador y tranquilo. Él, por supuesto, me asevera secamente que esto no puede seguir así, y yo pienso en los miles de niños que se están muriendo de hambre, las mujeres violadas, las guerras, la puta bomba atómica, y todo esa mierda, y este gilipollas intentando hacer bien su trabajo que no es otro que beneficiarse del trabajo de los demás, intentando que él tenga los menos problemas para poder seguir vegetando por la mañana en su puesto de trabajo.

Sigo con lo mío cuando cuelgo. Sigo escribiendo, me he decido a escribir e intentar terminar un puñetero libro que tengo en mente. Hoy he escrito siete páginas y estoy exahusto.

Me voy a marchitar si sigo así.

viernes, 12 de agosto de 2011

Marta Gellhorn

Gellhorn, la que fuera esposa de Heminway durante cinco años, siempre decía que no quería ser un píe de página en la vida de nadie. Pues lo consiguió. Sin duda, una de la mejoras escritoras que he tenido el placer de leer.
Con este libro, en el que relata cinco de sus incontables viajes, disfrutará cualquiera que sueñe con la libertad, con la buena literatura y que tenga una visión crítica y ácida del mundo en el que vivimos.


Conversación y despedida...

¿Cómo? Sí. Fue extraño; lijeramente doloroso. Una extraña enfermedad irreversible que te conduce inevitablemente a la muerte, pero que sin fuerzas propias y empujados por la insensatez, por el estúpido positivismo de los otros, te ves empujado a dar un paso más, que no sólo no sirve para nada, sino que te hacen perder el tiempo y los nervios. Supongo, una asquerosidad más de nuestro entramado moral.

¿Sigues sin entenderlo? Se está en mejor situación de juzgar cuando se han oído a las dos partes y sus razones (opuestas). Ahora bien yo soy "juez y parte" y nunca hallaré la verdad objetiva, aunque es mi verdad y eso me basta. Pero aún corro otro riesgo, y es que tu has ha hablado, aunque nos han convencido. ¿Por qué? Muy simple, pues tus gestos son interpretables, como los de todos, y a ti hoy te han delatado.

Había algo que arreglar, por lo visto, pero tú ya lo tenías dispuesto. Tu dios, el bálsamo a vuestros problemas, te ha recogido en su manto, y lo ha predispuesto todo para que, a partir de ahora y hasta la partida definitva, no vuelvas ha estar intranquilo; todas las cuestiones tiene una respuesta. La muerte se presentará como una simple etapa más.

Pero los vivos seguiremos aquí; doliéndonos de nuestra herida, siempre supurante, diagnosticada como "libertad"; que no ofrece muchas respuestas, ni son fáciles éstas, pero que sí te brinda muchas preguntas, y que en la búsqueda de la solución de éstas, es en definitva la Vida.

Los descarriados seguiran desviándose del camino.

miércoles, 27 de abril de 2011

¡¡¡Por fin puedo cagar tranquilo!!!

Sí, parece mentira, pero es que en esta casa algunas veces no se puede ni cagar tranquilo. El hecho maravilloso de coger una lectura, bajarte los pantalones, depositar tu maravilloso trasero en la taza, empezar a leer y dejar que todo fluya en un ambiente sosegado parece misión imposible.

Pero ahora, por fin, estoy solo, con mis miserables pensamientos, pero bueno míos, al fin y al cabo, sin tener que compartirlos con personas no aptas para entenderlos, ¿quién está preparado?, creo que muy pocos elegidos. El resto, o una parte, a ocultarse detrás de las cuatro migajas que el azar les ha brindado, otros, la gran mayoría, el vulgo, la plebe, la masa, el grueso.... estos ni se esconden, vamos ni siquiera te escuchan, en definitiva no eres un vídeo colgado en internet, eres algo bastante más complicado para lo que sus cerebros están socialmente preparados. Mejor, eres muy complejo  para sus cerebros socialmente capados.

Pero bueno, ya no grito en busca de comprensión, he resuelto, por fin, que la mejor solución es tratar de no lapidarlos, ni de escupirles su propia mierda a la cara, es mejor, sin duda, reírte de sus miserias, así se sienten mejor (no se dan cuenta, jejejejejeje...).

Voy al lavabo.....

martes, 26 de abril de 2011

Mañana de resaca

Dios. ¿Cómo podemos estar hundiéndonos en este lodazal? ¿Cómo podemos estar tan desesperados?¿Tan desquiciados?¿Y ser tan desgraciados?

La medicación me ayuda a soportar tanto dolor, pero la presión es tan fuerte que la farmacología ni siquiera puede ocultar la realidad. Una realidad borracha, sucia y con un pestuzo a insoportable a tabaco. Eso es el mundo en el que vivimos; no intentes colocar en tu hogar un ambientador, el olor a mierda seguirá surgiendo de las cañerías para infectar tus maravillosas cortinas, que tapan tu basura.

Yo tenía un amigo...

Yo tenía un amigo... al que le gustaba estar seguro de sí mismo. Yo tenía un amigo.... al que le gustaba dar lecciones de sinceridad. Yo tenía un amigo... el cual podía ir con la cabeza erguida. Yo tenía un amigo... que la gente respetaba. Yo tenía un amigo.... que tenía muchos amigos. Yo tenía un amigo... que todos admiraban. Yo tenía un amigo....

Pues eso, yo tenía, porque ahora ya no lo tengo. ¿Por qué? Sencillo. Yo tenía un amigo... al que no le gustaba que otros tuvieran las mismas seguridades. Yo tenía un amigo... al que no le gustaba que le dieran lecciones de sinceridad. Yo tenía un amigo... que empezó a dudar de sí mismo. Yo tenía un amigo... que la gente empezó a no respetar. Yo tenía un amigo... que se dio cuenta que no tenía tantos amigos. Yo tenía un amigo.... que aunque admiraban otros, no acceptaban todas sus verdades.

Vaya, resulta que la autenticidad, la denominación de origen, es más complicada obtener, y que en muchas ocasiones ésta, no la colocamos nosotros mismos, cuando deberían ser los otros los que nos la otorgaran.

Triste, muy triste.

¿nadie quiere ser auténtico?

¿Es la vida así de hipócrita que nos empuja hacia un estado de catatonismo mental que no nos deja entrever nuestra grandes, y pequeñas, miserias? No. La vida es luminosa, fresca y reconfortante. Sí, es cierto la naturaleza nunca te espera con los brazos abiertos, el césped pincha y está cargado de hormigas. Pero, sin duda, es el ser (des)humano, el que realmente se miente, pisotea, escamotea y gime para si mismo. El es el culpable de él mismo. Nada se interpone entre él y su miseria. Nada. Nada absolutamente le obliga a ser tan poco sincero consigo mismo, ni con el resto de seres.

Vale ya de engañarnos, de adornarnos, de vanangloriarse de nuestras propias miserias, nos gustaría ser y no somos. Así de claro, demasiadas máscaras para tan poca memoria.

viernes, 22 de abril de 2011

¿qué pasa?

Y mientras tanto nosotros seguimos a lo nuestro; sin necesidad de entorpecernos podemos seguir caminando hacia el abismo, el abismo sin fondo, en el que todos, inevitablemente caeremos para arder en el recuerdo de los demás, que es, al fin y al cabo, el único "masallá" al que iremos a parar. El resto, humo. Mientras podemos optar por dos caminos: uno, el disfrute, la liberación de la moral más pesada; o dos, seguir insistiendo en destruirnos para encontrar un hueco en el ficticio reino celestial.