miércoles, 27 de abril de 2011

¡¡¡Por fin puedo cagar tranquilo!!!

Sí, parece mentira, pero es que en esta casa algunas veces no se puede ni cagar tranquilo. El hecho maravilloso de coger una lectura, bajarte los pantalones, depositar tu maravilloso trasero en la taza, empezar a leer y dejar que todo fluya en un ambiente sosegado parece misión imposible.

Pero ahora, por fin, estoy solo, con mis miserables pensamientos, pero bueno míos, al fin y al cabo, sin tener que compartirlos con personas no aptas para entenderlos, ¿quién está preparado?, creo que muy pocos elegidos. El resto, o una parte, a ocultarse detrás de las cuatro migajas que el azar les ha brindado, otros, la gran mayoría, el vulgo, la plebe, la masa, el grueso.... estos ni se esconden, vamos ni siquiera te escuchan, en definitiva no eres un vídeo colgado en internet, eres algo bastante más complicado para lo que sus cerebros están socialmente preparados. Mejor, eres muy complejo  para sus cerebros socialmente capados.

Pero bueno, ya no grito en busca de comprensión, he resuelto, por fin, que la mejor solución es tratar de no lapidarlos, ni de escupirles su propia mierda a la cara, es mejor, sin duda, reírte de sus miserias, así se sienten mejor (no se dan cuenta, jejejejejeje...).

Voy al lavabo.....

martes, 26 de abril de 2011

Mañana de resaca

Dios. ¿Cómo podemos estar hundiéndonos en este lodazal? ¿Cómo podemos estar tan desesperados?¿Tan desquiciados?¿Y ser tan desgraciados?

La medicación me ayuda a soportar tanto dolor, pero la presión es tan fuerte que la farmacología ni siquiera puede ocultar la realidad. Una realidad borracha, sucia y con un pestuzo a insoportable a tabaco. Eso es el mundo en el que vivimos; no intentes colocar en tu hogar un ambientador, el olor a mierda seguirá surgiendo de las cañerías para infectar tus maravillosas cortinas, que tapan tu basura.

Yo tenía un amigo...

Yo tenía un amigo... al que le gustaba estar seguro de sí mismo. Yo tenía un amigo.... al que le gustaba dar lecciones de sinceridad. Yo tenía un amigo... el cual podía ir con la cabeza erguida. Yo tenía un amigo... que la gente respetaba. Yo tenía un amigo.... que tenía muchos amigos. Yo tenía un amigo... que todos admiraban. Yo tenía un amigo....

Pues eso, yo tenía, porque ahora ya no lo tengo. ¿Por qué? Sencillo. Yo tenía un amigo... al que no le gustaba que otros tuvieran las mismas seguridades. Yo tenía un amigo... al que no le gustaba que le dieran lecciones de sinceridad. Yo tenía un amigo... que empezó a dudar de sí mismo. Yo tenía un amigo... que la gente empezó a no respetar. Yo tenía un amigo... que se dio cuenta que no tenía tantos amigos. Yo tenía un amigo.... que aunque admiraban otros, no acceptaban todas sus verdades.

Vaya, resulta que la autenticidad, la denominación de origen, es más complicada obtener, y que en muchas ocasiones ésta, no la colocamos nosotros mismos, cuando deberían ser los otros los que nos la otorgaran.

Triste, muy triste.

¿nadie quiere ser auténtico?

¿Es la vida así de hipócrita que nos empuja hacia un estado de catatonismo mental que no nos deja entrever nuestra grandes, y pequeñas, miserias? No. La vida es luminosa, fresca y reconfortante. Sí, es cierto la naturaleza nunca te espera con los brazos abiertos, el césped pincha y está cargado de hormigas. Pero, sin duda, es el ser (des)humano, el que realmente se miente, pisotea, escamotea y gime para si mismo. El es el culpable de él mismo. Nada se interpone entre él y su miseria. Nada. Nada absolutamente le obliga a ser tan poco sincero consigo mismo, ni con el resto de seres.

Vale ya de engañarnos, de adornarnos, de vanangloriarse de nuestras propias miserias, nos gustaría ser y no somos. Así de claro, demasiadas máscaras para tan poca memoria.

viernes, 22 de abril de 2011

¿qué pasa?

Y mientras tanto nosotros seguimos a lo nuestro; sin necesidad de entorpecernos podemos seguir caminando hacia el abismo, el abismo sin fondo, en el que todos, inevitablemente caeremos para arder en el recuerdo de los demás, que es, al fin y al cabo, el único "masallá" al que iremos a parar. El resto, humo. Mientras podemos optar por dos caminos: uno, el disfrute, la liberación de la moral más pesada; o dos, seguir insistiendo en destruirnos para encontrar un hueco en el ficticio reino celestial.