miércoles, 28 de septiembre de 2011

Una extraña conversación

Perdone: ¿me hago viejo?
Bueno seguramente, como todos ¿por qué lo pregunta?
No sé tengo esa sensación, extraña y confusa, de que ya siempre es lo mismo, pero que al mismo tiempo lo idéntico no lo puedo hacer como me place.
Hable claro, que no me entero.
Escuche bien: resulta que antes, hace algunos años atrás.
¿15?
No tanto joder, que tampoco ha pasado tanto ¿o sí? No, no, pongamos que diez... A ver... sí, sí diez.
Sea conciso que tengo prisa.
¿Dónde va?.
Pues voy a ver aún sobrino que al hospital que ha tenido un accidente de moto.
¿Cómo está?
Fastidiado, "verá" usted es que resulta que iba muy rápido  se le cruzó un coche y voló durante varios metros hasta dar con una farola.
Uyyyyy tiene que haberlo pasado mal.
Lo peor está por llegar...
Para él lo peor ya ha pasado ¿Por qué corría?
Iba al trabajo; llegaba tarde y bueno... qué le voy a contar.
Cuente, cuente sí yo no tengo prisa, me pagan para esto.
¿Cómo que le pagan para esto?
Déjelo. ¿En que hospital se encuentra?
En el Vall d'Hebron.
¿Cómo se llama?
¿Y a usted que le importa?
Bueno, tengo que hacer bien mi trabajo ¿sabe?
No entiendo nada... pero se llama José Cuervo
José Cuervo.... José Cuervo... ah sí... lo recuerdo.
¿Lo vio en el periódico?
No exactamente. Pero continúe.
Me tiene que disculpar. Pero ese que viene es mi autobús y no lo puedo dejar pasar tengo bastante prisa.
No tenga prisa y disfrute de la conversación.
¿Cómo?
Sí, que disfrute hombre que dentro de cinco segundos, y justo antes de que el autobús llegue a la parada tropezará y su cabeza irá a para a la rueda del autobús ¿compronde? ¿oiga? ¿oiga? pues nada... a ver... siguiente en la lista... vaya José Cuervo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Nos transforman en mierda endiosada... (2ª parte)

La sombra de su madre siempre estaba presente.

Cuando salió de la universidad y empezó a trabajar en el bufete de abogados rápidamente destacado entre los socios por su fuerte carácter y por su persistencia a la hora de tratar los casos que le llegaban. Las secretarias eran otro cantar y se acostó con varias.

Al salir del trabajo empezó a frecuentar un bar de copas el cual estaba frecuentado por gente selecta de la alta sociedad barcelonesas. Por supuesto, fue un compañero de su bufete el que le introdujo en aquel ambiente, más por tenerlo cerca y controlar sus movimientos, haciéndose ver un allegado suyo, que no porque realmente Roberto le causaba buena impresión. Había competencia, y Sebastián, que era así como se llamba el tipo, sabía que Roberto era un hijo de puta con muchas pretensiones y pocos escrúpulos. Como yo, pensó, pero más inteligente había que reconocerlo.

Después de unos meses trabajando, decidió dar un salto cualitativo en su vida personal, y sabiendo desentrañar como funcionan las relaciones sociales en aquellas esferas, decidió comprarse un loft, situado en el centro de la ciudad, el cual serviría como, uno: picadero, y dos: nueva residencia habitual, que tendría la función de ser un complemento-proyección de su persona, y de las personas que él sabía tenía que tentar en primera instancia.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Nos transforman en mierda endiosada... (1ª Parte)

Estaban jodidos. En las últimas y en todos los sentidos y en todos los aspectos. En definitiva en el sentido más amplio de la palabra "jodidos".

Roberto, era un egocéntrico y se había ido transformando de un hedonista clasista durante los últimos años de su infancia a un crápula hedonista, obsesionado con el dinero.  Por supuesto, fue el resultado de un trabajo minucioso y planificado

Su madre, una loca opulenta, despellejó a un pobre gilipollas que poseía varias farmacias que le reportaban buenos beneficios. Una vez consiguió dinero para criar a su hijo de forma elitista, le pegó una patada en los cojones al al viejo guarro farmacéutico, y se dedicó a beber, acostarse con hombres más jóvenes y a criar su  vástago.

Lo primero fueron los estudios, Roberto se volcó en ellos. Cuando entró en la universidad, más concretamente, en la facultad de derecho, convertido ya en un verdadero cabrón, follo mucho y estudió más. Cinco años bastaron para sacarse la carrera con buena nota y una recomendación para entrar en un bufete importante de la ciudad. La sombra de su vieja siempre estaba detrás.

martes, 20 de septiembre de 2011

Metafísica de la pareja

Son las nueve de la mañana... poco a poco voy abriendo los ojos... me cuesta arrancar... mi cerebro es como un motor a gasoil: primero tienen que calentarse la neuronas para que empiece funcionar (esta operación necesita cierto tiempo). Después de diez minutos consigo, por fin, articular los primeros pensamientos; haber, repasemos, hoy es sábado, por lo tanto es fiesta, los niños no tienen colegio y quedamos ayer en ir hoy a pasar el día a la playa. Tenemos que ponernos en marcha. Extiendo el brazo hacia el lado de la cama que ocupa mi pareja para despertarla, no está. Me centro, hago un esfuerzo. Oigo a los niños en el comedor, percibo sonidos que provienen de la cocina. Me incorporo parcialmente, sentado en la cama, con la cabeza embotonada, la boca como un corcho y la lengua de esparto miro por la ventana; hace buen día. La niña empieza a llorar, poco después se calla. Sin saber cuánto tiempo a pasado (entro en una especie de coma) vuelvo a oír sonidos de la cocina. Me incorporo totalmente, me estiro y bostezo; salgo al comedor el niño está viendo dibujos, la “peque” juega con unos cubos intentándolos amontonar (recuerdo que el niño siempre los tiraba, justo al contrario); parecen estar preparados para marcharnos (su madre le habrá dado sendos biberones). Llego hasta la cocina, de los restos de la cena no queda nada y en el mismo lugar ha aparecido el desayuno: tostadas, mermelada, mantequilla y azúcar, el café está en el fuego, hierve y desprende ese maravilloso aroma que remite a un cierto bienestar.
Ella está ahí, de espaldas a mí, acabando de fregar la loza; se gira, a notado mi presencia (o el olor que desprende mi boca a cloaca), con su mirada me condena pero su sonrisa me amnistía, le sonrío y le doy los buenos días; ni si siquiera se me pasa por la cabeza preguntarle desde que hora lleva despierta.
Diez menos cuarto, estamos desayunando (en cinco minutos se a levantado tres veces de la mesa para regañar por algún asunto al niño, yo continuo con mi marasmo matinal), pienso en pedirle disculpas por no haberla ayudado, pero se me adelanta:
-Cuando acabes de desayunar recoge los restos y baja las cosas al coche; y recuerda en coger la cartera con el dinero y tirar la basura.
Me limito a afirmar con la cabeza. Acabo y me levanto, me voy al cuarto de baño, me visto, me lavo los dientes, me miro al espejo, me miro al espejo, me miro al espejo.... salgo del lavabo, diez y media, en la puerta está todo preparado, la cocina recogida, y la familia preparada.
-¿Nos vamos? -pregunto-
Su mirada no deja lugar a dudas, la respuesta es afirmativa.
En el coche conversamos, cantamos y guardamos silencio porque quiero escuchar una noticia; por supuesto conduzo yo, ella el otro día reventó una puerta contra una farola (le guardo rencor) y a destrozado parte de mi mausoleo.
Cuando por fin llegamos, cuesta aparcar, es tarde, son algo más de las once y media, me recrimina, le recrimino (¿el qué? No lo sé); por fin después de algunas vueltas encontramos un hueco, es un poco justo, pero con mi pericia al volante no habrá problema, seguro que cabe, ella está espectante; ¿intuirá algo?; el ruido no deja lugar a dudas: he reventado el paragolpes delantero con el tronco de un árbol que había sido cortado. Se ríe, me mosqueo (ella lo sabía y no me ha dicho nada. Mi ego se desquebraja por momentos), le quita hierro al asunto.
La playa está hasta la bandera; si por mí fuera, clavaría la sombrilla en cualquier lugar, ella no. Busca, indaga, quiere un sitio cerca del agua para vigilar a los niños mientras juegan (yo no había pensado en ese pequeño detalle). Por fin, encontramos un lugar que acaba de abandonar una familia, hinco la sombrilla y cotejo mi alrededor, me distraigo, oígo una voz que me dice algo... noto un pellizco en la pierna:
-Ya te puedes sentar, no hacía falta que me echaras una mano ¿eh?
Sin duda lo ha dicho con un cierto sarcasmo que me irrita. Me aposento, saco el libro, ella hace lo mismo pero con una gran diferencia, con ojo lee y con otro vigila a los rapaces.
-Tengo sed, ¿puedes ir a comprar algún refreseco? -me pregunta-
Aunque me ha interrumpido la lectura en un momento apasionante, le contesto que sí.
La miro con incredulidad:
-¿Has cogido tú la cartera con el dinero? -le pregunto-
-Te dije que la cogieras tú -me responde-
-Me la he descuidado en casa -le contesto-
Me fulmina con la mirada, busco en mi cabeza algun motivo con el que contraatacar, por su puesto no encuentro ninguno. La miro, me está mirando, y sé lo que piensa: “eres un auténtico zopenco, pero te quiero”. Le regalo una de mis mejores sonrisa, me sonríe y me coge la mano, es la señal de que puedo seguir leyendo tranquilo, su sed puede esperar y la basura ya la bajaré cuando volvamos a casa.




viernes, 16 de septiembre de 2011

Vuelve la España más "tricornia".

Resulta que, entre arcada y arcada después de leer la prensa, se me ha ocurrido este disparate; lo siento Machado tío, pero es que aquí cada vez estamos más confundidos, por no decir que somos unos redomados gilipollas, y he tirado de tu obra para escribir esta estupidez.

"Caminante no hay camino
se hace camino al andar".
Caminante no hay camino 
corre que la frontera van a cerrar.
Caminante no hay camino
depende de la pasta que puedas soltar
caminarás.
Caminante no hay camino
a partir de ahora
en inmigrante ilegal
te convertirás.
Caminante no hay camino
no es mi culpa que en África
el mundo te viera llegar.
Caminante no hay camino
Dios me señaló
y yo si puedo caminar.
Caminante no hay camino
hambre y penuria
pasarás.
Caminante no hay camino 
la droga y la delincuencia 
te esperan 
y en un paria te convertirás.
Caminante no hay camino
si eres "extranjero"
bueno,
puedes visitar.
Caminante no hay camino
pero el follar siempre restará
aunque los purpurados
se empeñen en
 abominar.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Dios te lo pagará....

Maldita la estampa de todos aquellos que  irrumpen en el mundo cada día como si fuera el último día de ellos, y como si ellos fueron los únicos que están sobre la tierra. Mujeres con las caras estiradas hasta paracer tambores, borrachos con traje y corbata, viejas pensionista y bolsos de cuatrocientos euros, niñatos, niños malcriados y jóvenes insolentes. Al borde del mareo las piernas me tiemblan y el sudor sale a borbotones. En el cerebro un calambre dolorosísimo que me hace perder la compostura y los estribos.


Intento contenerme, es un esfuerzo sobre humano. Casi lo consigo pero en ese momento:

-Perdóneme.... -una vieja, pintada de mala manera-
-Qué
-Me puede abrir aquí....
-¿Cómo?
-Sí, que si me puede abrir aquí....
-Señora estamos en mitad de la calle. Le abriré cuando lleguemos a la parada que está a quince metros.
-No, no yo no quiero ir a la parada...
-Pues metemo que tendrá que ir o bien quedarse a vivir en el autobús. A mí, personalmente, me importa poco cual de las dos opciones elija.
-Es usted un maleducado.
-Y usted una impaciente.
-¿Me abre?
-Le he dicho que no puede ser...
-Muy bien. Dios se lo pagará.
-Mire señora, dios no me pagará nada. Pues dudo de que exista.
-Perdone que me entrometa -irrumpe un señor desde atrás- pero usted no creo que sea capaz de demostrar dicha afirmación.

Curioso miro hacia atrás, me empiezo a reír, resulta que el último en intervenir con tal objeción es un cura. La hostia pienso, esto no me puede estar pasando a mí. Que cojones hace un cura en el autobús. Bueno tendrá que ir de un lado a otro, como todo el mundo, aunque sea para justificar su existencia ante su jefe.

-Mire, jefe, yo no puedo demostrar nada, de hecho no tengo que razonar nada extraído de una hipótesis más que insostenible. Y usted no tiene ningún dato empírico después de dos mil años de dar por culo a medio mundo, así que, aquí se acaba la discusión teológica. Y la señora se baja en la parada, eso si que va a tener un carácter empírico para el resto de usuarios que decidan seguir jodiendo al personal.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Madrugada

Mansos, dóciles, podridos por dentro, con la vista perdida, y cargando objetos inútiles, perjuicios influidos, deudas insoportables, y almas agotadas, exhaustas por la falta de sueño y conciliación, y por el desarrollo de trabajos duros, saldremos a la calle como cada noche.

Saco la cabeza por la ventana intentando respirar un poco de aire fresco, parcialmente regenerado por la madrugada; no hay, no obstante, sufuciente noche para paliar la contaminación diurna.

Una oficina, un despecho se ilumnina por sorpresa en un edificio alto; parece suspendido en el aire. Una mujer trabaja dentro; quita, pone, ordena y limpia. Retira la mierda de los otros, para que esos otros, lleguen, ensucien, piensen en seguir ganando más dinero y coloquen sus traseros orgullosos en sus mullidas sillas de despacho. Luego de madrugada volverá ese ser anónimo para que el ciclo no se interrumpa. Todo de debe seguir su curso.
Con sus manos artítricas y su degenerativa existencia trabajará sin descanso. Y mientras, fuera, la mercancía empieza a moverse, ocupándolo todo, destruyendo el sosiego nocturno.

Cuando despunte el Sol, habremos descendido otro peldaño y de nuestras bocas volveremos a escupir mierda, que salpicará, inevitablemente, a los demás; conviertiéndolo todo en una gran masa de desperdicios humanos.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El hombre y el bosque

Un hombre camina tranquilamente camino de casa después del trabajo. Exhausto, sudoroso, cabizbajo, pendiente de los ruidos que el bosque produce. Le gusta este paisaje, su soledad, sus olores, el roce de las hojas. Todo lo agradece su alma después de una dura jornada, que deforma el corazón, destroza el cerebro y corrompe las entrañas.

No obstante, sabe que caminar sólo por el bosque entraña peligros, mas, cuando el Sol empieza a caer, y las sombras y los fantasmas renace de la letanía que el día le había provocado. La amenza, con el crepúsculo, se vuelve ciertamente asfixiante.

Acelera el paso, aún le queda un buen trecho, no quiere que se le haga de noche. Estaría en serio peligro. Mientras camina algo más deprisa, piensa en su casa, sentado delante de la chimenea, observando el fuego y escuchando pausadamente el crepitar de la madera, descansando, relajándose, y dejando que todas sus pesadumbres fueran consumiéndose en el fuego.

De pronto, a doscientos metros, percibe un movimiento extraño. En su cerebro salta un interruptor, su cuerpo empieza a generar adrenalina, él lo desconoce todo el proceso fisiológico, pero los hombres así funcionan. Se queda quieto, y observa, siente el latir de su corazó, el golpeteo rítmico de la sangre en sus sienes. Observa el bosque, mientras introduce su mano dentro de la chaqueta, palpa el cuchillo de caza y se siente parcialmente aliviado; nunca sale de casa sin él. Es su salvo-conducto.

Pasan segundos, tal vez, un minuto, le parecen horas, se pregunta sino estará equivocado, sino le habrá engañado su imaginación, sino habrá sido esa capacidad de los hombres en desconfiar de todo lo que le rodea la que le ha puesto una alucinación en el camino. Se calma.

El Sol pierde terreno, las sombras impiezan a invadir todo, debe tomar una determinación y esta tiene que ser seguir adelante. No hay otra, no puede continuar allí por más tiempo.

Cuando se decide, algo lo devuelve al anterior estado de alarma. No hay duda. Su experiencia como hombre de campo así se lo indica. Lo presiente. Sabe ya a lo que tendrá que enfrentarse. La vida o la muerte. Siempre rodeado de lo mismo, piensa, decisiones importantes transcendentales lanzadas en décimas de segundo. Suspira.

Lentamente se quita la chaqueta y se la enrrolla en el brazo izquierdo y con el derecho empuña el cuchillo fuertemente. Está preparado. Avanza lentamente, atento, los matoralles se mueven "artificialmente", no hay duda. Se detiene nuevamente.

Calcula la distancia. Cincuenta metros determina.

-¡Sal! ¡Sé que estás ahí! -grita al aire, al enemigo invisible.

No obtiene respuesta. Vuelve a intentarlo esta vez más fuerte.

-¡Sal de ahí! ¡Maldito hijo de puta! ¡Te voy hacer pedazos!

Quisiera interrumpir el tiempo. No quiere que caiga la noche; sabe que estaría en inferioridad de condiciones. Ahora con sus cuchillos y los últimos rayos de Sol están igualados.

-¡Sal cabrón!

El arbusto se mueve, su enemigo a sido descubierto, y decide aceptar el reto. Poco a poco, va surgiendo la silueta de un mastodóntico lobo. Animal y hombre. Se miran. El lobo parece entender el pensamiento del hombre. El hombre cree comprender y conocer los movimientos y las intenciones del diabólico animal.

No hay escapatoria. Cincuenta metros, un cuchillo y unos dientes desgarradores. Están frente a frente. Un segundo, dos, tres, cuatro y cinco....

-¡Ven cabrón! -rompre el silencio-

Y la bestia se lanza a la carrera. No le cuesta obtener la velocidad necesaria, para que en la distancia propicia, tome el último impulso y se lance con la morro abierto preparado para morder, desgarrar y matar a su adversario.

El impacto es brutal, y aunque tenía previsto aguantar el embite de la bestia, le es imposible y cae de espaldas. Aún hay una oportunidad, piensa, y pasa por no dejar caer el cuchillo. El golpe contra el suelo es doloroso, la bestia ataca el brazo vendado, no tardará en cambiar de objetivo. Desgarra la chaqueta, pero decide levantar el morro en busca de otro punto de ataque...

-¡Ahora! -chilla, para él, está sólo y la muerte le ataca directamente-

Y con todas sus fuerzas, ensarta el cuchillo en el cuello de la bestia, cortando la arteria carótida. Un aullido afilado como la misma cuchilla que le acaba de de traspasar rompe el silencio del bosque. ¿Qué duró? Un minuto, dos. Él sujetó con fuerza al lobo, hasta que éste, pereció y se desplomó a un lado.

 El hombre se incorpora, se examina, está dolorido, pero sin perder más tiempo reemprende la marcha, jadeante y ansioso. Decide mañana descansar y no ir al trabajo. Se siente incapaz de afrontar más luchas. Cuando por fin dislumbra su casa, los ojos se le anegan de lágrimas y se siente terriblemente abatido.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Blacberry y jóvenes...

-KE TAL?
-BIEN TU?
-YO AKI? Y TU?
-AKI.
-DNDE?
-KE PASA?
-NDA?
-KEDAMS?
-NO PDO?
.......                Jorje se ha desconectado

-KE TAL?
-PUF.
-PUF????
-ESTOY MALITA:)
 .........             Jorje se ha desconectado

-KE TAL?
-MU BIEN :) Y TU?
-BIEN TMBN:)
-KE HACES?
-DEBAJO DE TU VENTANA :) BAJAS?
-OK.

Estaba claro, Jorge quería hechar un polvo. Las dos primeras le habían fallado, cosa que no esperaba un sábado por la noche, pero siempre quedaba "la Luisa"; era un poco guarra y sucia, y le gustaba mucho el alcohol y la farlopa.

-Aunque podría pagar-pensó- Pero ya lo había probado y no le acababa de convencer; es más si con diecinueve años no podía acostarse con una tía sin pagar, que cojones iba a ser de él a los cuarenta. El siemple hecho de pensarlo lo exasperaba. Dejó de lado la idea y se concentró en el plan puesto en marcha.

Aquella noche no había donde elegir, y prefería aquello que tener que estar bajándose porno toda la noche hasta dar con una película que le pusiera. Últimamente las "bajadas" le eran esquivas y donde le indicaban "Zorras Calientes" le salían los "Siete Enanitos" en versión croata, y si buscaba por "Piratas del Caribe", le salía "Siete Nabos para Siete Hombres". Así que, prefería estar con "la Luísa", que le jodería tres o cuatro cubatas y un par de gramos de cocaína, pero luego...

-¡Joder tienes la regla!
-¡Lo siento Jorje!
-¡Venga ya ostia! Chupa y calla....

La vida se le presentaba complicada había que afrontarla, encontrar soluciones, y pisar fuerte donde hiciera falta. Eso era lo que su madre le decía.

lunes, 5 de septiembre de 2011

0,17 horas

Mal día. Mala tarde. Hoy quería llegar a la central y soltar el maldito cartón-horario tirarme un pedo, regalo de cortesía, e irme a casa a cenar, rascarme las pelotas, ver la televisión y olvidarme de toda esta bazofia. Estaba hastiado de tanto viejo ansioso, tanta mujer estúpida, tanta ama de casa estresada e imbéciles con su puñetero teléfono móvil gritando en voz en cuello. Me importa una mierda si tu jefe quiere que trabajes más o que el miércoles no te apetece ir al cine. Jódete capullo por tener esos problemas; y sigue ampliando tu factura. Eso es lo que realmente importa.

Pero no, no ha podido ser. Dejo el cartón-horario, el jodido y asqueroso cartón-horario, me giro, me tiro el maravilloso pedo, cosecha de ocho horas sentado con las tripas estrujadas, y escucho:

-Señor Miguel, ¿tiene un momento?
-Jodete cabrón-digo entre dientes-
Saben lo que pienso.
-Sólo será un momento.
-Estoy hasta las pelotas y me quiero ir a casa, por favor, que sea lo más rápido posible.
-Verá tenga haga el favor de leerse esto.
-No me hables de usted. Veamos.
Me dan una cuartilla que contiene tres párrafos, mal escritos, con faltas y en mayúsculas. Una puñetera chapuzas de un gilipollas ignorante que gana tres veces más que yo. Me lo leo. Me empiezo a reír. En estas situaciones lo mejor es reírse para darles en los morros con sus memeces. Les sienta mal y a mí me gusta. Resulta que me piden que justifique mi falta al trabajo el día 5 de agosto, o sea, hace un mes. El problema. No recuerdo haber faltado. Se lo indico. Me aclara que no es un día entero sino que son 0,17 horas, o lo que es lo mismo unos 14 minutos o algo menos.
-Ya, ya por eso mismo me estoy riendo.
-Pues no es de risa, es una falta grave y puede ser sancionado.
Pienso... nada; absolutamente nada me viene a la memoria. Él espera. Por fin le digo:

-¿Por escrito?
-Si por supuesto, luego sus alegaciones pasarán a dirección que tomará las medidas oportunas.
-De acuerdo déjeme un papel.
-No es necesario hoy mismo puede ser mañana.
-Sí amigo va a ser ahora mismo, que se metan el papel por el culo los cínicos de dirección.
-Como usted quiera -vuelve al usted, ya se está poniendo de parte de la empresa el imbécil este-

Me deja el papel, y les escribo:

"Referente al día cinco de agosto y a la falta a la que ustedes hacen alusión, aclaro que: encontrándome realizando un servicio, me entraron unas ganas de cagar terribles, ante la disyuntiva de sí cagarme encima con todo los problemas que eso hubiera generado, decidí por mutu propio darle un descanso a mi culo pegando una buena deposición en un bar. Es cierto que la operación ocupó algún tiempo, pero más cierto es, señores míos que todos cagamos, y que por lo tanto comprenderán y entenderán que la ausencia está más que justificada

Reciban un cordial saludo"

Dejé la hoja, me volví a cuescar allí, dentro de la oficina del encargado y salí con una feliz sonrisa en la boca.

La angustia me oprime

Me levanto, y ya oígo la televisión puesta. Hoy siento una angustia terrible, una opresión en el pecho que me indica que hoy seré incapaz de acceptar mi desesperada agonía puesta ahí por mi incapacidad de rendirme ante las evidencias. No soporto más esta presión, esta cárcel a la que me han confinado las circunstancias de mi existencia. ¡Dios! no lo soporto más. Ni siquiera puedo escribir, me tiemblan los dedos y cada vez que tecleo un caracter tengo que borrar dos. Es asqueroso tener que hacer cada día la misma mierda, por una salario de mierda y por un trabajo asqueroso y que no tiene ningún significado para mí. Pero no todo radica ahí, yo mismo soy parte del problema, y estoy al corriente, pero no puedo hacer nada, absolutamente nada y todo sigue su curso sin detenerse un momento. !Paren este tren que yo me quiero apear!

Al final tendré que obtar por lanzarme y probar suerte; si me abro la cabeza será cosa mía pero si sale bien os saludaré con el dedo índice y que os den por el culo.