domingo, 1 de julio de 2012

No tenemos alternativa

Que aflicción me recorre el espinazo, me oprime el corazón y me hace reventar de pesadumbre. La losa que acarrea mi existencia, mi yo, me convierte en un ser completamente decaído, sin fuerzas y con nulas esperanzas puestas en ninguna parte.
Hastíado de ver pasar tullidos, desheredados, pobres de solemnidad, avariciosos sin escrúpulos, chupocteros, imbéciles sin miramientos, ciegos, haraposos. Se nos ha ido de las manos, hemos querido jugar a un juego milenario, pero la naturaleza intrínseca asquerosa que corroe lo más profundo del ser humano se revela constantemente. No hemos aprendido nada, absolutamente nada, continuamos masacrándonos y maldiciendo al diferente, al pobre, al negro, al ateo y al creyente. Presumimos de avances, ¿qué avances? mierda tecnológica que nos sangra el cerebro y nos jode el entendimiento, incapaces de comunicarnos mirándonos a los ojos hablamos enganchados a una puta máquina anónima y atormentada. Nadie quiera parar esta sangría de despropósitos ni este torrente de mierda que nos arrastra y nos engulle. ¡Paren joder! Parar esta máquina que yo me quiero bajar, me quiero tumbar en el césped y rascarme la barriga.
El que salta desde un balcón no es un cobarde, es un lúcido. Es la única cosa sensata que nos queda, un salto en comunidad hacía la nada. Mientras un solo hombre o una sola mujer, supediten sus vidas al despótismo, a la incultura, a la ignorancia, al capricho de otro ser humano, el resto es un auténtico fracaso, una cortina de humo que lo que realmente pretende es engañar y envelesar, distrayendo de lo realmente necesario.