lunes, 12 de diciembre de 2016

Dos años sin escribir

No sirven excusas. Estoy perdido en una bruma que no me deja respirar, pensar me inmoviliza. No puedo ser yo. Hay un nuevo extraño en mí. Ruidos, sueños, llantos y proyectos. Ni pasado, ni presente ni futuro, viviendo entre un impulso y otro que hace que la vida le vayas perdiendo apego, a la existencia perdiendo el sentido a todo lo marivolloso que nos rodea. Familia, amigos, libros, viajes, todo queda aplacado bajo un cielo gris de color plomo, como un domingo tirado en el sofá. Esta puñetera vida, entre la nada y la oscuridad eterna, se hace insoportable, pero a la misma vez es una irrozonable vitalidad por seguir aquí, por despertar a tu lado, a vuestro lado. Seguir en la lucha, como buenos guerreros, intentando mantener el juicio un día más es lo único que necesito. Más inspiración, esa es la esencia que necesito para seguir adelante, pero ¿dónde me la descuidé? 
Algo nos tiene que salvar, buscando una nueva razón, pero no es eso. Son los detalles los únicos que pueden hacerte un ver que hay una última posibilidad; no dejarte arrastrar por la circunstancias mutiladores, sí, pero son esas heridas y sus cicatrices lo que nos hace humanos, que nos hace ser lo que somos, y dejar de mirar atrás, porque el camino elegido es el bueno. Es el definitivo. En esos recovecos es dónde debo, debemos fijarnos, no ir directos, ni en línea recta, eso es vivir, siempre hacia adelante pero sin pretender escoger una línea recta. 

Una letra de una canción, cansado de ver anuncios, quiero ser yo mismo. Renunciar a todo lo que nos imponen y levitar. Estoy seguro que será pasajero. Mientras a partir de hoy voy a disfrutar de mi locura. 

Quiero agradecer aquellas nuevas personas que me he cruzado en mi camino y que se han transformado en un nuevo pilar para proteger este edificio en derribo.