martes, 7 de febrero de 2017

"Si la mierda tuviera valor los pobres nacerían sin culo"

Esta mñana me he levantado algo atormentado. No asustado, ni sudorando, ni nada por el estilo. He soñado con algo eso lo tengo claro. Pero no recuerdo el qué. Lástima.
Pero me he despertado inquieto y rabioso de eso estoy seguro. El problema ha sido que me he levantado con unas ganas de cagar terribles ¿cómo te puedes despertar con ganas de cagar? No sabía que esto te pudiera pasar. No sé si a alguien le pasa o incluso si alguien puede padecer algún tipo de patología semejante. Claro que conozco casos de diarreas, pero eso ya de por sí lo entendemos todos. Normalmente la gente se despierta de golpe por el sonido del despertador (gran invento, por cierto); por el codazo de tu pareja para que vayas a trabajar; por el sonido del teléfono de alguna telefonista que no calculó bien los husos horarios y te quiere vender alguna mierda de producto financiero o seguro (de vida, o plan de pensiones, pero ese es otro tema que ya se me ocurrirá de escribir, que grandes son los puñeteros planes de pensiones). Te puedes despertar por el llanto del bebé que tienes en la habitación contigua y que quiere ves a saber el qué ( dolores, cambio de pañales, joderte la existencia). Por el timbrazo del portero si tienes turno de noche. ¿Pero para cagar? Joder, nadie nunca me ha reconocido tal asunto. Pero el mero hecho de cagar.
Realmente ha sido una batalla extraña. He pegado un brinco con el culo a punto de estallar. Con esa cosa a punto de salir como si de un parto se tratara. Me ha dado igual que el suelo estaba frío, me ha dado igual que los otros estuvieran durmiendo, he abierto la puerta de golpe y he recorrido el gélido pasillo ha toda mecha, he entrado y cerrado el lavabo de un portazado. No he pensado en la taza, solo he levantado la tapa y me he sentado, se me había olvidado bajarme los pantalones del pijama, me he vuelto a levantar y ahora si, el dolor gélido en las nalgas me ha pasado desapercibido. He cagada y cagado. Y luego me he dado cuenta que por el camino había cogido papel y boli por si se me ocurría alguna buena idea. Pero lo único que se me ha ocurrido esta mierda de relato.

jueves, 2 de febrero de 2017

PERDIDO EN UN SUEÑO

Luís era un niño soñador. No tiene nada malo ser soñador.
Siempre iba pensando en guerreros,
en viajes al espacio, en encontrar el fin del infinito,
en historias fantásticas donde el cosmos fuera su hogar.
¿Qué le pasaba a este niño? se preguntaban todos.
A Luís le importaba un comino, si la camisa le quedaba pequeña, grande, si la llevaba por dentro o por fuera, o los pantalones rasgados o zurcidos, para él el tiempo era un pura burla que no acababa de entender. Un palo y un poco de tierra se convertían en la máxima expresión de libertad.
Cuando cumplió 8 años, su madre le dejaba a por el pan solo. Él por el camino batallaba con feroces bandidos, que fabricaba un cohete, volar a Marte para sentir la soledad. Cuando se daba cuenta había pasado muchísimo tiempo desde salió de casa. El pan estaba frío.