jueves, 18 de mayo de 2017

No renace la primavera

No dejar el tiempo pasado tranquilo, sino que rememoras los acontecimientos pasados. Pesan en tu conciencia y te aplastan y te devoran y vuelven uno tras otro. Es imposible convencerte que aquello pasó y no lo puedes cambiar. Y lías un cigarrillo y te lo fumas. Y te pones una taza de café y lo bebes. Y sientes como el nerviosismo te invade. Las siete de la mañana es una buena hora, el resto mientras pasa el día es un infierno. Tienes la mesa llena de mapas, libros y dossieres que has ido acumulando durante días. Quieres irte lejos, para olvidar, pero eres consciente que tu mente, tus pensamientos, tu pesadumbre te acompañará allá donde vayas. Lo único que me hace olvidar este desasosiego es la verticalidad, dónde todo transcurre en silencio, donde las yemas de los dedos y la puntita de los píes es lo que te mantiene sujeto a la vida. Cada día arriesgas más para ver hasta dónde tus palpitaciones se vuelven insostenibles pero aún parece que queda lejos ese momento. 
Las motas de polvo se entreven mientras la luz del sol se cuela por las pequeñas rendijas de la persiana no del todo cerrada. Oyes la vida fuera; los pájaros, los coches, la olla a presión de la vecina. Pero eres incapaz de levantarte de la cama. Eres incapaz de ser persona, de que otros se sientan bien a tu lado; de darte una ducha, salir a la calle, renacer mientras miras el verdor de los árboles. Los campos de cultivos, las amapolas que puedes observar. Deseas que tus Penélopes lleguen un día en que ya no te esperen para no sentirte culpable, para ahondar más en las profundidad de tus miserias, y por fin para que seas valiente para no tener que ver como otra primavera renace y tú únicamente mueres lentamente.

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